Ahorra y pon el capitalismo a tus pies, no sobre tus hombros

Ahorra y pon el capitalismo a tus pies, no sobre tus hombros

Fuente:EL STRATEGOS,18/03/2023 08:36 am

Por Carlos Nava Condarco 

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Pexels / Skitterphoto

Permítase esta analogía: el sistema capitalista que gestiona las economías de libre mercado es como un cuchillo de cocina. Si se lo maneja bien es una herramienta muy útil, pero en caso contrario es peligrosa. Pues bien, si quieres que el capitalismo sea un sistema que te beneficie, AHORRA. Éste es el mecanismo que conduce…

Permítase esta analogía: el sistema capitalista que gestiona las economías de libre mercado es como un cuchillo de cocina. Si se lo maneja bien es una herramienta muy útil, pero en caso contrario es peligrosa. Pues bien, si quieres que el capitalismo sea un sistema que te beneficie, AHORRA. Éste es el mecanismo que conduce a la prosperidad en las economías libres.

Es un hecho estadístico: la mayoría no consigue beneficiarse del sistema capitalista, más bien sucumbe ante él. Empuña el cuchillo por la hoja y se lastima.

Estas líneas no tienen el objetivo de cuestionar el sistema, más bien la forma en que los individuos se comportan en él. Todos los sistemas tienen sus particularidades. Y entre ellos el capitalismo es posiblemente uno de los mejores para la gestión de la riqueza y el desarrollo de los pueblos. Pero concluye siendo implacable para quienes no saben conducir por sus caminos.
 

Ahorra y conviértete en un consumidor inteligente.-

En buena parte, el capitalismo es una enorme fábrica de consumismo y consumidores. Su objetivo es tratar que todos los individuos consuman la mayor cantidad de bienes y servicios. Ése es el lubricante del sistema. Ése y no otro es el factor que dinamiza los mercados y permite el rendimiento del capital.

Dicha lógica no amerita un juicio ligero, positivo o negativo. Es simplemente así. Tiene el mismo carácter de un cuchillo de cocina. No es bueno ni malo en sí mismo, su funcionalidad solo puede evaluarse de acuerdo a su uso.

El capitalismo se vale de un sinfín de medios para convertirte en un destacado consumidor. Invierte copiosamente para que gastes tu dinero. Seduce y convence. Luego te atrapa y transforma en un peón del tablero.

Pero hay una buena noticia. Éste es un juego de seducción y conquista, no hay nada obligatorio.

En el capitalismo todos somos jugadores con poder y capacidad de eludir las trampas que se presentan. Esto diferencia al sistema de otros: tenemos la posibilidad de ser la ficha del tablero que deseemos ser.

Muchos elevarán el grito al cielo y rasgarán sus vestiduras en éste momento. Preguntarán ¿cómo es posible afirmar que alguien puede ser lo que quiera en el opresivo mundo capitalista?

Pues bien, sí se puede. Esencialmente porque existe libertad, pero también porque pueden aprenderse los trucos que lo permiten. Y uno de esos “trucos”, uno de los consejos más simples y trascendentales es éste: AHORRA.

El ahorro permite empuñar el cuchillo por el mango. Te sitúa en el asiento del conductor. Te saca del compartimiento de equipaje y te devuelve el control sobre tu vida y tu destino.


Escapa del circuito opresivo de las deudas.-

La deuda es un gran invento de la humanidad, pero lo es fundamentalmente cuando se destina a la construcción de ACTIVOS. Cuando está asociada a formación de patrimonio o al consumo corriente, es una concreta calamidad.

Cuando te endeudas para construir Activos, son éstos los que eventualmente pagan las obligaciones y generan un circuito virtuoso. Pero cuando lo haces para comprarte un carro, una vivienda, costear un viaje o financiar el ocio, la deuda ataca directamente tu bolsillo y genera dependencia.

El sistema se nutre de personas endeudadas, porque de ésa forma se multiplica el dinero circulante. Así puede producirse más y obtenerse mejores rendimientos para el capital.

¿Cómo te atrapa el sistema en el círculo vicioso de las deudas? Acudiendo a tu sentido inmediatista de satisfacción.

¿Para qué esperar 3 o 4 años por un automóvil si lo puedes tener hoy mismo y pagarlo “cómodamente” en ése mismo tiempo? ¿Por qué privarse de ésa “casa de los sueños” si puedes comprarla hoy y pagarla “con tranquilidad” los próximos 25 años?

La mayoría toman ésas promesas e ilusiones. Lo hacen así hace muchísimos años. Y por ello mismo, suman tradición a la lógica y la convierten en una idiosincrasia.

Una vez endeudados, el sistema hace lo suyo. Genera dependencia de empleos insatisfactorios y ansiedad por generar ingresos que sostengan la “calidad de vida obtenida”. Si no hay aquello, la deuda muestra su peor cara y simplemente despoja.

No es popular quién hoy te dice: AHORRA para comprarte el automóvil que quieres o la casa con la que sueñas. ¡Nada popular! Incluso puede verse como un pusilánime o víctima de la (siempre mal entendida), mentalidad de pobreza.

Los “cantos de sirena” del sistema son la música de moda. Tienes, entonces eres. Tienes más, entonces eres más. Punto final. Si en ello la deuda ayuda, pues ¡bienvenida!

Pero algo básico ignoran ésas pobres almas que se dejan llevar por la corriente: el ahorro es justamente capital. Y éste es, por esencia, el combustible del sistema.


El genuino capitalista es quien ahorra.-

Es una de las fórmulas básicas de Economía: ahorro es igual a inversión. Igualmente la esencia de una frase de moda: “cash is the King”.

El ahorro ordena la vida, genera disciplina, permite madurar y desarrollar habilidades incomparablemente valiosas para navegar en las economías de mercado. Quién ahorra obtiene siempre los mejores precios, elude intereses financieros y “surfea” cómodamente los periodos difíciles de la economía.

Ingenuo (por no decir otra cosa) es quién compra una casa pagando 25 años una deuda y sus respectivos intereses. Igualmente el que paga 3 veces el valor de un automóvil por financiarlo en 5 o 7 años. Esto no tiene nada de sagacidad financiera, ni siquiera de sensatez aritmética. Y justificarlo con la lógica banal de la “retribución inmediata” es aún más absurdo.

Son muchos los que critican a la ligera a la persona que privilegia un alquiler sobre la compra de una casa a crédito, o los que compadecen al que toma un servicio de transporte público en lugar de beneficiarse de la comodidad de un automóvil financiado.

Eso no solo es ignorancia financiera, también incapacidad de sumar y restar. Quién ahorra para efectuar esas compras es el genuino capitalista, y el que finalmente emplea y hace trabajar a los demás.

¿Es tan difícil apreciar esto?

Bueno. Es algo muy sencillo de ver. Pero si la mayoría no lo consigue, es simplemente porque el sistema ha hecho bien su tarea. Por otra parte, es también una enorme oportunidad para el que desea distinguirse del rebaño y comandar su destino.

Ahora bien, el ahorro no es tampoco tarea fácil. Es algo notablemente sofisticado. Posiblemente por ello mismo se elude. No es cómodo ahorrar, todo lo contrario. Y en esta cultura de inmediatismos y facilismos, no es el camino que escogen los que privilegian las rutas del mínimo esfuerzo.

El “ahorro pasivo”, que muchos asociarán con lo que aquí se dice, NO es la referencia. No se trata de acumular billetes en una cuenta de banco o debajo del colchón. Así no se ahorra inteligentemente. Se trata de dominar el AHORRO ACTIVO, de gestionar bien los gastos, los ingresos, los objetivos de vida y el conjunto de las dinámicas sociales e interpersonales.

Ahorrar es una técnica compleja. Por eso beneficia a pocos. Pero esos pocos son precisamente quienes dominan el sistema capitalista y definen la evolución del mundo. Estudia y aprende de esto. Tómate el tiempo necesario. Invierte esfuerzo en dominar todas las técnicas posibles. Hazlo con la misma dedicación que te demandan las compras y el consumo.

Ahorra y pon el capitalismo a tus pies. Disfruta de la verdadera calidad de vida. Experimenta la libertad de quién es dueño de su destino, y no de aquel que duerme cada noche con el desafío de activarse en la mañana para pagar las deudas que le permiten tener un techo sobre su cabeza, cuatro llantas bajo sus pies y la ilusión de hacer un viaje para conocer, en lugares lejanos, gente que vive igual que él.

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