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Una vez, una gerente de Recursos Humanos me escribió con una comparación muy clara.
En el correo venían dos imágenes:
a la izquierda, un currículum publicado en un portal de la competencia.
A la derecha, uno de Transdoc.
El mensaje decía algo así como:
“Mire qué lindo se ve el CV de su competencia… y qué feo se ve el de Transdoc.”
Tenía razón.
Eran opuestos.
El CV “bonito” era impecable: ordenado, uniforme, visualmente perfecto.
El de Transdoc, en cambio, era irregular, con diferencias de estilo, incluso poco atractivo a la vista.
Le respondí con total honestidad:
“Tiene toda la razón. El diseño del CV de la competencia es muy bonito.”
Y luego añadí algo más.
Le expliqué que ese CV tan perfecto había sido llenado con preguntas de selección múltiple. Por eso todos se veían iguales. No había esfuerzo, no había forma de distinguir cómo pensaba la persona. Solo datos acomodados.
El CV de Transdoc, en cambio, había sido tecleado por el candidato. Sin plantillas que lo disfrazaran. Sin respuestas prediseñadas. Tal como la persona se expresa, se ordena y enfrenta una tarea básica.
Y entonces le dije:
“El día que usted contrate, no va a estar ni la competencia ni Transdoc de la mano de su colaborador diciéndole cómo debe trabajar.”
“Ese currículum no está para verse bonito. Está para mostrar cómo es la persona.”
Hubo silencio.
Y luego me respondió:
“Tiene toda la razón.”
Desde entonces, esa conversación resume perfectamente lo que es Transdoc.
No buscamos currículums perfectos.
Buscamos señales reales.
Porque contratar no es elegir el CV más bonito.
Es elegir a la persona con la que su empresa va a convivir todos los días.
Paulina Aris
Gerente General
Generado con apoyo de IA
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